El 29 de junio de 1615, los carmelitas descalzos pusieron la primera piedra del colegio de San Angelo Mártir, en terrenos de una comunidad llamada Tenanitla, de clima privilegiado y rica en bosques, ríos y buenas tierras de cultivo.  El pueblo pronto cambió su nombre por el de San Ángel debido al impacto que tuvo el colegio en su consolidación económica y social.

 

El colegio fue construido por Fray Andrés de San Miguel, ilustre personaje de la orden carmelita, heredero de la reforma de santa Teresa de Jesús que habría de dar vida a los carmelitas “descalzos”, una escisión de la orden que pretendía recuperar la austeridad y devoción de los ermitaños que habitaron el Monte Carmelo, en Palestina, siglos atrás.

 

El colegio fue sólo para varones; llegó a tener hasta 51 alumnos que estudiaban teología escolástica y una célebre biblioteca compuesta por más de 12 mil volúmenes. Tras la Reforma, en 1858, el colegio fue clausurado y la custodia del recinto pasó a manos del ayuntamiento.  Las tierras y el edificio mismo, en su mayoría, fueron vendidos a particulares.  La sección que conservó el municipio fue utilizada como cárcel, cuartel y otras funciones menores.  En 1929, a raíz del protagonismo que adquirió San Ángel en la vida pública del país tras el asesinato de Obregón, la Secretaría de Educación Pública formalizó la creación del Museo de El Carmen, que diez años más tarde pasaría a manos del recién creado Instituto Nacional de Antropología e Historia.

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